Apología del desierto

Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente y, como es costumbre, van a tener ocasión de leer y escuchar en los adocenados medios de comunicación que uno de los grandes peligros que nos amenaza es la desertización, que hay que salvar los arbolitos y las plantitas y las hierbecitas y todo lo que tenga color verde. Pues bien, yo voy a romper una lanza en favor del desierto, porque no es un lugar sin vida, como muchos piensan, sino que está lleno de ella; no es monótono, sino uno de los ecosistemas más variados y hermosos de cuantos existen en el planeta.

Y voy a hacerlo con textos de tres amantes, como yo, del Sahara.

“El día despuntaba, dotando de vida a los transparentes tonos rosa que se deslizaban sin límites. La aurora es la hora escogida, la hora más mágica del Sahara. A esa hora el aire es ligero y límpido, una fresca brisa rumorea suavemente por entre el espejo y duro follaje de las palmeras que se alzan en los oasis. No hay palabras que puedan describir el singular hechizo de esos momentos en la honda paz de las arenas deslizantes. Quien no ha visto con sus propios ojos el desierto, no sabe hasta dónde puede llegar la indecible belleza terrena de un amanecer”. (Isabelle Eberhardt, Sandmeere, tomado de Maravillas del desierto de Erhard Pansegrau)

Camellos, los barcos del desierto. Foto: futuropasado.com

“Y pese a todo amábamos el desierto. Al principio no es más que vacío y silencio, pues no se echa en brazos del primero que llega. Más solitario aún es el hombre cercano a nosotros que se ha encerrado en su clausura y vive según reglas que desconocemos… Observemos su celda: está vacía. El reino del hombre es interior. Así también el desierto, que no está hecho de arena, ni de tuareg ni beduinos”. (Antoine de Saint-Exupéry, Terre des hommes, tomado de Maravillas del desierto de Erhard Pansegrau)

Tiendas de beduinos. Foto: futuropasado.com

“En el Sahara sientes de verdad la sensación de la muerte, del peligro, de la soledad, del exotismo… todo lo que busca un aventurero. En fin, es el paisaje más variado de la tierra. La gente cree que el desierto es llano y todo igual: mentira. Allí están, además, los famosos espejismos, que son de verdad, que no son un sueño, a veces tan insólitos como los espejismos fijos, como el arquero que se ve en el desierto de Túnez a cierta temperatura, disparando a una gacela… Es el único paisaje en movimiento permanente, todo se mueve, todo está lleno de vida. Y la gente es maravillosa, filósofos naturales, acostumbrados a la soledad, a pasar ocho horas sentados en una duna mirando el horizonte, gente muy de fiar, muy leal, con una gran solidaridad humana, porque todo el mundo tiene que ayudarse para sobrevivir… Y a quien ha visto el cielo del desierto, ya ningún cielo vuelve a parecerle cielo. Yo siempre he sido muy supersticioso y practico, por ejemplo, la superstición de formular tres deseos cuando ves una estrella fugaz para que uno se cumpla. Pues bien, en el desierto siempre se agotan mis deseos. Hay tantas estrellas fugaces que no se me ocurren más ¿Hay un lugar más bonito en el mundo que aquél en el que se agotan los deseos?” (Fernando Sánchez Dragó. Entrevista de Jesús Torbado para Los Aventureros nº 4, enero de 1985)

Amanecer en el Sahara. Foto: futuropasado.com