La Ruta de la Seda: Serie documental de la NHK

Se entiende por Ruta de la Seda el itinerario que en la antigüedad unió los imperios romano y chino, el camino por el que las sedas de Oriente llegaron a adornar los cuerpos de las elegantes damas romanas. Convencionalmente los extremos de la Ruta se sitúan en Roma y en la ciudad china de Xian (antigua Changan), y sus diversos ramales cruzan ciudades antaño fabulosas como Damasco, Bagdad o Samarkanda y accidentes geográficos con fama de insuperables, como el macizo del Pamir, con puertos de montaña de 5.000 m de altitud, o los desiertos del Gobi (que en mongol significa “lugar sin agua”) y Taklamakán (cuyo nombre quiere decir “lugar donde entras pero no sales”).

La Ruta de la Seda es uno de los escenarios más fascinantes para la aventura en estado puro, pero también para la aventura de la cultura; es el paraíso de la arqueología más romántica: ciudades perdidas en el desierto, estatuas colosales vestigio de civilizaciones desaparecidas, monumentales ruinas enterradas durante siglos, papiros escritos en lenguas desconocidas… Por la Ruta han circulado en ambos sentidos los mercaderes, los soldados y los filósofos, es decir, el comercio, la guerra y las ideas.

Mapa de la Ruta de la Seda en el siglo I.

En el siglo II aC el general y explorador chino Zhang Qian abrió el camino hacia el oeste para que quince siglos más tarde Marco Polo lo recorriese desde Europa hacia el Oriente. Alejandro Magno recorrió la Ruta conquistando territorios hacia el este y Gengis Khan lo hizo en sentido inverso. Crisol de la Historia y cuna de mil leyendas, en la Ruta se han encontrado tres grandes religiones: cristianismo, budismo e islam, y otras hoy desaparecidas, como el zoroastrismo. El budismo no pudo llegar más allá de Afganistán; el Islam en cambio alcanzó el Turquestán Chino. Cuenta una leyenda que Jesús de Nazareth viajó desde Palestina hasta Cachemira, donde predicó.

Mausoleo del viajero Zhang Qian, en Chenggu, Hanzhong. Foto: NHK.

Bueno, pues esta larga introducción viene a cuento de que se ha publicado la primera parte de la serie documental que en 1980 realizó la NHK japonesa y que en su momento fue considerada la mejor de la historia de la televisión. Se compone de diez DVD’s que abarcan el tramo chino de la Ruta desde Xian hasta la cordillera de Tian Shan, en la frontera con el país que en la fecha de realización de la serie era la Unión Soviética. La serie se presenta como una teórica coproducción de la NHK con la CTTV china, pero en realidad hubo grandes obstáculos de tipo político que superar, ya que en principio la República Popular China negaba el paso de las cámaras de televisión. Tras una visita a Japón del primer ministro chino Den Xiaoping los hábiles negociadores nipones obtuvieron el permiso y un equipo de la NHK -del que solo aparecen en imagen dos Nissan Patrol rojos- partió de Xian en dirección al misterioso Occidente.

Xian, Torre de la campana (dinastía Ming, 1384), lugar céntrico de la antigua ciudad. Foto: NHK.
Xian, Torre de la Campana a principios del siglo XX.

El primer episodio, titulado Esplendores de la antigua Changan, incluye una entrevista con el ciudadano que descubrió por casualidad en las cercanías de Xian en 1974 ese inmenso tesoro arqueológico que es el ejército de terracota del emperador Qin Shi Huan. En estos días se han estado exhibiendo en Barcelona varios de estos soldados y dentro de muy poco, a primeros de noviembre, tendremos la suerte de contemplarlos en Madrid.

En este primer episodio nos hablan de la pirámide que sirve de tumba al emperador Wu Di, del viaje de Zhang Qian, así como de la mezquita de Qing Zhen Si, en Xian.

Xian, Gran Pagoda del Ganso Salvaje (652 dC). Foto: Bobak Ha’Eri, Wikipedia.

En el segundo capítulo A mil kilómetros del río Amarillo, viajamos por el llamado corredor Hexi o Gansu de 1.000 km de longitud, situado entre la ladera norte de la cordillera de Quilian y el desierto del Gobi. Fue escenario de las luchas entre chinos y hunos y otras tribus nómadas por el control de la Ruta de la Seda.

Visitamos la ciudad de Lanzhou; las cuevas de Bing Li Si, hoy en parte bajo el agua, con sus esculturas budistas; la ciudad de Zhang Ye, visitada por Marco Polo, que describe un gran buda tumbado, que hoy todavía existe; y las cuatro fortalezas que los chinos construyeron a lo largo de la Gran Muralla, de las cuales la más alejada es la de Jiayu Guan.

Un tramo de la ruta en el corredor de Hexi o Gansu. Foto: NHK.
Fuerte de Jiayu Guan o paso Jiayu, en el extremo más occidental de la Gran Muralla. Foto: Zhangzhugang, Wikipedia.

En el tercer episodio La galería de arte en el desierto se ofrece un reportaje sobre las cuevas de Mogao, denominadas de cara al turismo cuevas de los Mil Budas, en la ciudad de Dunhuang. Se trata de unas 500 grutas excavadas entre los siglos IV y XIV. Las esculturas y las pinturas murales que recubren el interior de las cuevas constituyen una auténtica galería de arte en la Ruta de la Seda. Además los arqueólogos encontraron allí valiosos manuscritos.

En 1900 se descubrió en una cueva un lugar de culto budista, cerca de la ciudad de Dunhuang. En su interior se hallaron unos diez mil manuscritos, pinturas y documentos impresos en papel y seda, que datan del año 400 al 1000. Era el archivo de papel más antiguo y grande del mundo. El contenido de la cueva incluía muchos documentos únicos, incluyendo el libro impreso más antiguo del mundo (hacia 868). La mayoría estaba en chino, pero había una buena colección de documentos tibetanos, así como textos en uigur y otros idiomas.

Entrada a las cuevas de Mogao. Foto: Zhangzhugang,
Wikipedia.
Mogao, cueva nº 16 (1907). Foto: Aurel Stein.

Las colecciones más importantes de objetos arqueológicos hallados en Dunhuang y sus alrededores se conservan en bibliotecas, museos y centros de investigación de Londres, Pekín, París, San Petersburgo y Berlín, así como en Japón, y hay otras colecciones más pequeñas en otros lugares. Esta dispersión geográfica se debe a que fueron sacadas de Asia Central por sucesivas expediciones arqueológicas de diversos países, que comenzaron a finales del siglo XIX. Estas expediciones -mezcla de investigación académica, exploración geográfica y deseo de ser los primeros en descubrir e interpretar esta herencia de civilizaciones anteriores- abrieron y exploraron los templos y los edificios abandonados en los desiertos de Asia Central, se llevaron consigo al marcharse manuscritos, pinturas y objetos, e incluso a veces dejaron preparados envíos aparte, tal era la cantidad de materiales descubierta. Las colecciones consisten en diversos objetos, fechados desde aproximadamente el año 100 A.C. al 1200 D.C., incluyendo pinturas, murales, artefactos, monedas y manuscritos, estos últimos en una veintena de diversos idiomas y alfabetos. El tamaño y alcance de las colecciones, su fragilidad y la existencia de falsificaciones, ha supuesto que muchos de los manuscritos tengan todavía que ser estudiados detalladamente.

Buda tumbado. Foto: People Daily.
Dunhuang, Lago de la Luna Creciente. Foto: Hiroki Ogawa, Wikipedia.

El International Dunhuang Project (IDP), creado en 1994, pretende animar la investigación sobre las colecciones, que constituyen una fuente, frágil pero muy rica, de información sobre la religión, el comercio, la cultura y la vida social en la Ruta de la Seda y reunir todo este material haciéndolo de libre acceso en la red.

En el cuarto capítulo del documental, titulado El castillo oscuro, nuestros expedicionarios dejan sus Nissan Patrol para subirse a las jorobas de unos camellos y alcanzar la desaparecida fortaleza de Khara-Khoto (castillo oscuro) situada en medio del desierto de Gobi. Durante el período Han constituyó el puesto militar más avanzado en la frontera al norte de China, y mantuvo su posición hasta que a finales del siglo XII fue completamente destruida por Gengis Khan. En 1372 los ejércitos Ming reconquistaron la región y volvieron a destruir Khara-Khoto.

Su recuerdo permaneció enterrado en el desierto durante seis siglos hasta que Peter Kuzimich Kozolov lo descubrió en 1909. Después de un mes de trabajo, Kozolov encontró enterrada bajo la arena, una cámara sellada llena de antiguos tesoros artísticos: banderas, pinturas, objetos de culto y gran cantidad de manuscritos. Los tesoros que sacó se habían preservado indemnes durante siglos en el clima seco del desierto y los colores permanecían con su brillo primitivo.

La stupa que hay en una de las esquinas del castillo de Khara-Khoto. Foto: NHK.

En el episodio quinto, En busca del Reino de Loulan, los enviados de la cadena NHK y el equipo chino que los acompaña forman la primera expedición a la ciudad perdida de Loulan desde la revolución.

Loulan, situada en un sector estratégico de la Ruta de la Seda, al noroeste del lago Lop Nor, era una próspera ciudad atravesada por las caravanas de mercaderes, hasta que fue abandonada por razones desconocidas. Desde el siglo IV, sus ruinas han permanecido olvidadas en el desierto, siendo saqueadas por los aventureros. El explorador sueco Sven Hedin descubrió la ciudad hace unos cien años. Hay que destacar las momias halladas en antiguas tumbas, bien conservadas gracias a la sequedad del ambiente, que han permitido averiguar que muchas de las personas que habitaban en la ciudad tenían rasgos occidentales. En 1980, los arqueólogos encontraron en una de las tumbas un cuerpo de mujer de más de 3.800 años, en muy buenas condiciones, que fue denominado la Belleza de Loulan.

En Loulan las casas eran de madera.

Antiguamente, el lago Lop Nor aparecía ubicado en diferentes lugares en los mapas. Pero no se trataba de errores de los cartógrafos: se comprobó que en realidad el lago cambiaba periódicamente de sitio. Sven Hedin encontró la explicación: la región es muy llana y el río Tarim arrastraba sedimentos, cambiando su propio curso y la ubicación del lago. Una de las explicaciones de la desaparición de Loulan es que el cambio de curso del Tarim dejó a la ciudad sin agua potable. Desde los años 70 del siglo XX, la irracional explotación del agua ha dejado completamente seco el Lop Nor, desaparecido hoy de los mapas de forma definitiva. En esta misma región, China lleva a cabo experimentos con armas nucleares.

El episodio sexto se titula Travesía por el desierto de Taklamakan, famoso por la riqueza de su historia, pero también por unas condiciones medioambientales especialmente duras. La Ruta de la Seda se divide en dos ramales: norte y sur, para bordear el desierto cuyo nombre significa “donde entras pero no sales“. Milan, Ruoqiang y Niya son ciudades que estuvieron situadas en oasis a lo largo de la antigua ruta del sur y que han ido desapareciendo bajo las arenas. Tal vez para compensar la desaparición del Lop Nor existe un misterioso río que aparece y desaparece en este desierto.

Las ruinas de la gran stupa son lo único que queda en pie de la antigua ciudad budista de Niya, desaparecida en el siglo IV por motivos desconocidos. Foto: NHK
Las gentes de Khotan. Foto: NHK.

El episodio séptimo se titula Khotan, un oásis de seda y jade. La región de Khotan se encuentra en el ramal de la Ruta que bordea el desierto de Taklamakán por el sur. Un viaje al bazar descubre que Khotan sigue siendo un centro comercial famoso por su artesanía. Sus alfombras se consideran las más finas de China. Las piedras preciosas de Hetian han sido piezas codiciadas por los comerciantes de la Ruta de la Seda desde tiempos remotos. Aurel Stein exploró la región y descubrió las ruinas de la antigua capital de Khotan.

En el capítulo octavo Un frente cálido llamado Turfan, el equipo de la NHK llega a la ciudad oásis de Turfan (o Turpan), que está situada en una prolongación del corredor Hexi, al pie de la cordillera de Tian Shan y al norte del Taklamakán. El suelo desértico está tan caliente que, cuando llueve, el agua se evapora nada más alcanzar la tierra. Se trata de una de las regiones más deprimidas del planeta, a unos 154 m bajo el nivel del mar.

Las grutas de Bezeklik están situadas sobre un acantilado en el Valle de las Montañas de Fuego, a unos 50 kilómetros al este de Turfán. Como en el caso de Dunhuang, se trata de un conjunto de cuevas, unas cuarenta, talladas en la roca, decoradas con frescos budistas y de otras religiones, como maniqueísmo y nestorianismo.

Acantilado de las grutas de Bezeklik. Foto: T Chu, Wikimedia.

Es de destacar el llamado karez o conjunto de canales subterráneos que traen agua helada a las granjas desde depósitos naturales subterráneos, a los que llega el agua procedente de las montañas. Debido a la pendiente natural el agua viaja fácilmente por los canales bajo del desierto unas distancias de 3 a 10 kilómetros, aunque el canal más largo mide 48 km. Algunos de estos canales fueron construidos hace unos dos mil años y gracias a ellos el oasis produce uvas, melones, algodón y trigo.

Corriente de agua subterránea llamada karez. Foto: NHK.
En los lugares en los que el agua aflora a la superficie se forman los oasis. Foto: NHK.

El episodio noveno, Un viaje en tren por las montañas de Tian Shan, es con claridad el peor de toda la serie. Se trata de un fallido intento de propaganda de la nueva China surgida de la revolución, consistente en mostrarnos un viaje en tren desde Turfán hasta Korla. Este recorrido, que se adentra en el Tian Shan, fue en otros tiempos el tramo de más difícil acceso para los viajeros que se dirigían al Asia Central. Aquí se intenta mostrar la modernización de la Ruta de la Seda enseñándonos un viejo tren arrastrado por una máquina de vapor que camina a paso de tortuga. En esa misma época (1980) en Japón ya llevaban 20 años viajando en el Tren de Alta Velocidad; no debieron reírse los japoneses ni nada. Y eso que no; los japoneses son muy respetuosos. Pero yo sí me he reído.

La locomotora del tren de la línea Turfán-Korla. Foto: NHK.

En el episodio décimo, Viaje musical por el sur de la cordillera de Tian Shan, el equipo de la NHK trata de encontrar en esa región el origen de la música popular -hoy llamada étnica- japonesa. Nos muestran la ciudad de Kucha, donde se interpreta música con instrumentos tradicionales y vemos la escena de una boda. Por último el equipo de rodaje se desplaza hasta las cuevas de Kizil, con las pinturas budistas más importantes de la Ruta, después de las de Dunhuang.

En el episodio undécimo, Donde los caballos vuelan como el viento, se muestra la cordillera de Tian Shan con sus escarpados picos, algunos de los cuales alcanzan una altura de casi 7.500 metros. Este sistema montañoso divide la ruta de la seda en dos secciones, la norte y la sur. En los alrededores del lago Barkol, los nómadas Kazakos (cosacos) llevan a pastar sus rebaños de ovejas, caballos y ganado. Es una zona donde se levantan aún algunas torres defensivas que los chinos construyeron contra los hunos.

La meseta de Lli, situada cerca de la frontera rusa y a lo largo de la falda noroeste del Tian Shan, fue el lugar de nacimiento de los hermosos caballos del Emperador Han-Wu, conocidos como los caballos voladores o celestes. Al llegar a 40 km de la frontera con la Unión Soviética (no olvidemos que estamos en 1980) el equipo de rodaje debe regresar ya que el paso está prohibido salvo para los nómadas de la región.

Los caballos, protagonistas de muchas de las historias del tramo oriental de la Ruta de la seda. Foto: NHK.

Episodio duodécimo y último, Dos carreteras hacia los Pamir. Retomando la carretera que pasa al sur de Tien Shan, el equipo de la NHK llega a Kashgar, de población musulmana, cuyo nombre significa ciudad de hermosas cerámicas. Aquí se nos ofrece el ridículo espectáculo de una fiesta, patética e inútil, donde solo bailan los hombres, ya que las mujeres lo tienen prohibido ¿Qué otro objeto puede tener el baile sino el contacto -aunque no sea más que visual- entre hombres y mujeres?

Siguiendo la carretera al suroeste se llega a Tash Kurghán, la torre de piedra, ya en la república autónoma de Tadzjik.

El castillo de Tash Kurghan, la última fortaleza china cerca de la frontera (1909). Foto: Mayor Henri De Bouillane de Lacoste.

En el paso de Kunjerab, el más alto del mundo (4.900 m) situado en las estribaciones del Karakorum, está la frontera con Pakistán. El equipo de rodaje de la NHK concluye aquí el largo viaje por la Ruta de la Seda china.

Pero de ningún modo puede terminarse este artículo dedicado a la Ruta de la Seda sin hacer referencia a la excepcional banda sonora de la serie de la NHK, que dio a conocer en todo el mundo al músico japonés Kitaro.