El laberinto del Tíbet

Esta serie documental para televisión, coproducida por Canal+, La Luna, Cartel, Impala y TVE, costó 300 millones de pesetas, tres años de preparación y cien días de rodaje a cargo de un equipo de dieciocho personas. Por vez primera el gobierno de la República Popular China autorizó filmar en el Tibet e incluso facilitó el acceso a sus archivos de imagen. Dirigida por el recientemente fallecido Fernando Bauluz y escrita por Pedro Molina Temboury, se estrenó en España en 2000 y obtuvo el Premio Ondas al mejor trabajo especializado.

Desde 2002 la serie está disponible en el mercado en una caja con tres discos DVD (Divisa Ediciones) que contienen los seis episodios de aproximadamente una hora de duración cada uno y tiene todas las cualidades para convertirse en una serie documental “de culto”, tal como es la japonesa La Ruta de la Seda. Recientemente se ha repuesto en La 2 de Televisión Española.

“La fama del Tíbet se debe especialmente a la creencia de que los prodigios florecen allí como las flores del campo en otros lugares (…) La fascinación que ejerce el Tíbet sobre los pueblos vecinos es muy antigua. Mucho antes del nacimiento de Buda, los hindúes se volvían con religioso terror hacia el Himalaya, y circulaban historias extraordinarias sobre la comarca, velada por las nubes, asentada sobre los hombros de sus montañas elevadas.”
(Alexandra David-Neel, Magos y místicos del Tíbet)

Chogten o stupa.

Ficha técnica:

Dirección: Fernando Bauluz
Productor Ejecutivo: Larry Levene
Productor: Manuel Veguín
Guión: Pedro Molina Temboury
Director de fotografía: Augusto García Fernández Balbuena
Narrador: Rafael Taibo
Música: Juan Bardem

Episodios:

Episodio 1: El sueño del Tíbet
Episodio 2: Lhasa, ciudad santa
Episodio 3: El país de Buda
Episodio 4: El camino del Tantra
Episodio 5: Nacer, vivir, morir
Episodio 6: El futuro del Tíbet

Episodio 1: El sueño del Tíbet

Quizás el halo de misterio que envuelve al Tíbet se deba a su tradicional aislamiento, causado por factores geográficos y, en algunas épocas, políticos. El Tíbet presenta todas las características de las tierras maravillosas descritas en los cuentos, según dice Alexandra David-Neel, la primera mujer occidental en llegar a su capital, Lhasa, en 1924.

El jesuita portugués Antonio de Andrade parece ser el primer occidental en llegar al país en 1625, mientras buscaba el mítico reino del Preste Juan. El novelista James Hilton situó en la región el reino perdido de Shangri-la, versión moderna del mito de Shambhala.

Otro célebre viajero es el autor del libro Siete años en el Tíbet, el austríaco Heinrich Harrer, al que se entrevista en el documental.

Dada la importancia de la religión, los monasterios son los edificios más característicos del país. Se dice que el más antiguo del Tíbet es el de Samye. El primer Dalai Lama fundó en 1447 el monasterio de Tashilhunpo (Montaña de la Gloria), en Xigatsé, que con 80.000 habitantes es la segunda ciudad más importante, tras la capital Lhasa. Tashilhunpo es la sede del Panche Lama, segunda autoridad política del Tíbet, aunque con el mismo nivel espiritual que el Dalai. En Tashilhunpo se encuentra la célebre estatua del Buda Maitreya.

El Buda Maitreya. Foto: Dennis Jarvis, Wikimedia

La religión más antigua del Tíbet es el culto bon, anterior al budismo; en la actualidad se encuentra muy influida por éste, aunque tiene sus propios monjes y monasterios. En el documental se nos muestran imágenes del exterior y el interior de todos estos monasterios mencionados.

En 1950 se produjo la invasión del Tíbet por las tropas del ejército rojo chino. Aunque el gobierno de Mao Zedong intentó la pacífica anexión del Tíbet lamaísta a la República Popular China pronto se demostró imposible la coexistencia entre dos visiones antagónicas del mundo. El Dalai Lama huyó del país en 1959 y desde entonces vive en el exilio en Dharamshala (India).

Algunas curiosidades:

  • El yak es fundamental en la vida de los tibetanos; les proporciona carne, leche, piel y excrementos usados como combustible.
  • El cultivo principal del país es la cebada.
  • El Everest o Chomolugma es considerado por los tibetanos la casa de la diosa madre del mundo.
  • Hasta 1950 la rueda estaba prohibida en el Tibet, por ser un símbolo sagrado que no podía arrastrarse por el suelo.
  • Los llamados hombres-granizo arrojan piedras al cielo para romper las nubes y obtener la lluvia.

Episodio 2: Lhasa, ciudad santa

El segundo capítulo de la serie está dedicado a la capital, Lhasa, cuyo nombre significa ‘tierra de los dioses’.

Lhasa se encuentra en el valle del río Ki-chu, a 3.600 m de altitud. El coronel Ian Husband entró en la ciudad en 1904, para abrir el país al comercio británico.

El Potala, residencia del Dalai Lama antes de su exilio, domina la ciudad, pero para los tibetanos es más importante el Jokhang (la casa del señor), la auténtica catedral budista, verdadero centro espiritual y meta donde acuden los peregrinos. En él está la principal estatua de Buda. El abad del Jokhang explica como las ‘cuatro tradiciones’ del budismo tienen el mismo objetivo: el sufrimiento y su forma de eliminarlo. Según el sermón de Buda en el parque de los Ciervos de Benarés, los tres venenos del alma son la ira, la ignorancia y el apego. El camino para eliminarlos es el dharma (vía de renuncia y meditación).

Tejado del Jokhang. Foto: Pavel Špindler, Wikipedia

Lhasa está rodeada por tres círculos concéntricos, que son recorridos por los peregrinos alrededor de la ciudad. La circunvalación como práctica religiosa es heredada de los hindúes y se circunvalan las stupas, los templos y hasta las montañas, siempre en sentido de las agujas del reloj. El primer círculo, el más interno, se llama nangkhor y rodea el perímetro del Jokhang. Los peregrinos hacen girar los molinos de oraciones allí situados. El barkhor o segundo círculo concéntrico pasa por el mercado de Lhasa, del que el documental nos ofrece imágenes actuales y de archivo, éstas en blanco y negro, cedidas por el gobierno de la República Popular China. El lingkhor o anillo más exterior rodea Lhasa y marca la zona a partir de la cual se encuentra uno en territorio sagrado.

Molinos de oraciones en el Nangkhor

Potala significa mansión y se refiere a la mansión de Avalokitesvara, buda de la compasión, del que los dalai lamas son reencarnación. Dentro del Potala están los panteones o stupas de todos los dalais. De ellos, el más destacado fue el quinto. En cambio el sexto llevó una vida disoluta entregado al alcohol y las mujeres. Algunos dalais murieron envenenados, víctimas de las intrigas palaciegas. El regente del quinto ocultó su muerte durante quince años, para poder seguir gobernando él. Según el explorador Prievalsky, la nulidad personal de los dalai lamas es una garantía para los chinos, los tradicionales enemigos de los tibetanos.

El actual XIV Dalai Lama, Tenzin Gyatso, dice en la entrevista para este documental que la institución del Dalai Lama existirá sólo mientras así lo quiera el pueblo tibetano y narra algunos recuerdos de cuando era niño y residía en el Potala.

Lhasa, Potala. Foto de Ernst Schäfer (1938)

El palacio y sus numerosos tesoros forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO. El vicepresidente de la Región Autónoma del Tibet, gobernante pro-chino, explica en el documental cómo el Potala se salvó de la destrucción propiciada por la Revolución Cultural. No obstante la estructura del edificio, en gran parte de madera, está siendo deteriorada por la carcoma, y se encuentra en restauración.

Tras la incorporación del antiguo Tíbet independiente a la República Popular se ha producido la llegada masiva de población china, de la etnia han principalmente, lo que ha dividido Lhasa en dos ciudades: la moderna china y la vieja tibetana. Pero los chinos han, muchos de ellos funcionarios, no se quedan en el Tíbet y regresan a sus lugares de origen cuando tienen la oportunidad.

El documental termina con imágenes del Lukhang o templo de la serpiente, en el lago situado tras el Potala y con una visita al Norbulingka, el palacio de verano del Dalai Lama.

Algunas curiosidades:

  • El oficio de carnicero, pecaminoso para los budistas por tener que manejar animales muertos, lo ejercían los musulmanes venidos de Cachemira. No obstante, los tibetanos son buenos consumidores de carne.
  • Los khatas o pañuelos de seda blanca se emplean como ofrenda

Episodio 3: El país de Buda

Este tercer episodio se dedica a la religión del Tíbet, el budismo, cuya importancia es tal que un viajero dijo que “el Tíbet es un gigantesco monasterio habitado por una nación de monjes”. De hecho, a mediados del siglo XX uno de cada cuatro hombres vivía en un monasterio. Esta situación no dejaba de crear problemas económicos al país. Hoy, el 98% de la población se declara budista.

La fiesta del gran tangka.

Asistimos a la fiesta anual del monasterio de Drepung y al despliegue del ‘gran tangka’, una gigantesca imagen de Buda, hecha de lana, seda y oro, que los monjes desenrollan en la ladera de un monte.

Los molinos de oraciones son cilindros que giran alrededor de su eje y llevan dentro tiras de papel escritas con el mantra Om Mani Padme Hum. Hacer girar el molino equivale a rezar. Es como si con el giro la oración se extendiera por el espacio. Los mantras se inscriben también en el suelo, en las rocas y en las laderas de las montañas. Las banderas multicolores tienen la misma finalidad: las oraciones escritas en ellas se lanzan al espacio al ser batidas por el viento. Las stupas, llamadas chogten en el Tíbet, son monumentos que contienen reliquias.

Un muchacho graba mantras en las piedras

Los chinos, en un intento de comprender la religión tibetana, dividieron a los monjes en dos grupos: a la escuela de los gelukpa (a la que pertenece el Dalai lama) los llamaron sombreros amarillos y al resto sombreros rojos. Los monjes budistas no viven en comunidad como en un monasterio cristiano, sino cada uno en su casa, aunque dentro del recinto del monasterio. El abad del monasterio de Namgyal, en Dharamsala (India), donde reside hoy el Dalai Lama, explica en el documental como transcurre la vida de un monje.

Existen diversos budas, como Avalokitesvara (buda de la compasion), Maitreya (buda del futuro) o Tara (la liberadora). La creencia en los budas vivientes (hay más de 1.000) es la mayor singularidad del budismo tibetano. Cuando un lama muere, se cree que renacerá en el mismo lugar o en un lugar cercano. Después de pasado cierto tiempo del fallecimiento del lama, se inicia la búsqueda para encontrar su reencarnación. Una vez encontrado, el niño -en ocasiones de apenas unos meses de edad- es reconocido oficialmente.

Un monje que es la reencarnación de uno de los monjes que localizaron al actual Dalai Lama explica la forma en que éste fue encontrado: el actual XIV Dalai Lama, Tenzin Gyatso, nació en 1935 en un pequeño pueblo al este del Tíbet, en una familia de campesinos. En 1937 un monje y un oficial fueron enviados a la región para buscar al nuevo Dalai Lama. Para no despertar sospechas se habían disfrazado de mercaderes y no revelaron cual era el objeto de su viaje, pero el futuro XIV Dalai Lama les reconoció por sus auténticos nombres. Al pequeño se le mostraron dos rosarios negros, dos rosarios amarillos, dos tambores rituales y dos bastones. Uno de cada par había pertenecido al Dalai Lama anterior y, sin ningún fallo, el pequeño eligió los objetos correctos.

El monasterio de Ganden, fue dinamitado durante la revolución cultural. De él fue abad Tsong Khapa, el fundador de la orden gelukpa, que además está enterrado allí. El actual abad, el Ganden Tripa, habla de su orden en el documental.

Por aquí pasó la revolución cultural.

En este capítulo se nos muestran algunos de los destrozos que se produjeron en el patrimonio cultural tibetano durante la revolución cultural, hoy repudiada incluso por el partido comunista chino que la considera un “error”. Según los representantes del gobierno oficial pro chino, hay libertad religiosa en el Tíbet de hoy, idea que no es compartida desde el gobierno tibetano en el exilio.

Algunas curiosidades:

  • El té chino se toma con sal y manteca de yak. También se acompaña con la harina tostada llamada tsampa, alimento más conocido del Tíbet.
  • La reencarnación del maestro del actual Dalai Lama tiene 14 años (en 2000)

Episodio 4: El camino del Tantra

El cuarto episodio de esta serie para televisión escrita por Pedro Molina Temboury se dedica a profundizar en la vertiente más esotérica del budismo tibetano: el Tantra. Al parecer, Buda no predicó únicamente de forma pública, sino que también transmitió enseñanzas secretas (tantras) dirigidas sólo a una élite de iniciados.

Los monjes nos muestran la forma de diseñar mandalas con arena de colores. Un mandala es un dibujo que se emplea para ayudar en la meditación. La palabra significa palacio y representa el universo, y también el arquetipo del laberinto que es necesario recorrer y llegar a su centro para alcanzar la iluminación. Se tarda unos siete años en aprender la técnica para dibujar mandalas. Según enseñó Buda, “nada existe, ni siquiera los dioses”, por eso los mandalas una vez acabados se destruyen, para significar lo efímero de todas las cosas.

Monje dibujando un mandala con arena de colores.

El objetivo de la meditación es alcanzar el control de la mente. En varias entrevistas los monjes explican la forma de hacerlo, las técnicas, las posturas, etc. Asistimos en el documental a una ceremonia tántrica, de la que son instrumentos principales el vajra o cetro de diamante y la campana, cuyo sonido es personal para cada monje.

Otro tipo diferente de ceremonia propia del tantra son las danzas de sentido esotérico, similares a las del antiguo Egipto o a las de los misterios dionisiacos griegos. El sexo tántrico es célebre en occidente, pero difícil de practicar en el Tíbet, pues los monjes y monjas viven en distintos monasterios.

El monasterio de Sakya se encuentra cerca de la frontera de Nepal y entre sus numerosos tesoros destaca su biblioteca, con miles de volúmenes en tibetano, chino, mongol y sánscrito. Los libros antiguos no están encuadernados, sino que sus grandes hojas se guardan en cajas.

El oráculo filmado por vez primera en trance.

Entrevistan a un monje que es el oráculo oficial del gobierno tibetano, al que se consultan determinadas cuestiones. Nos muestran el edificio de su sede, cerca de Lhasa, hoy vacío, ya que vive en el exilio de la India. Por primera vez, las cámaras han podido filmar al oráculo en trance. Durante su transcurso pronuncia palabras enigmáticas, que luego serán convenientemente interpretadas.

Por último, nos resumen la vida de Milarepa, considerado el primer iniciado del Tíbet, y su maestro Marpa. Hay ermitaños que han abandonado los monasterios y van en busca de un auténtico maestro.

Milarepa

Episodio 5: Nacer, vivir, morir

Este quinto episodio de la serie se dedica a mostrar la vida del común de los tibetanos, desde su nacimiento hasta su muerte… y aún después.

Antes de convertirse en un pueblo de monjes, los tibetanos eran pastores nómadas que se desplazaban con sus ganados de yaks, el animal totémico del Tíbet (la hembra se llama dri). Se conserva mucho todavía de esta forma de vida.

Se nos muestran escenas de una fiesta de pastores, a la que acuden nómadas de distintas procedencias. Entre ellos los famosos khambas, la etnia más belicosa del país, que ha protagonizado sublevaciones contra los chinos y anteriormente contra el gobierno del Tíbet.

Khambas. El de la izquierda luce el tocado rojo tradicional.

Los tibetanos ponen a sus hijos nombres repugnantes como mierda de perro o moco hediondo, para engañar a los dioses y que no se los lleven prematuramente; luego de mayores se cambian el nombre, cosa fácil de hacer en el Tíbet. Como además los tibetanos no usan apellidos es difícil censarlos y resultan bastante incontrolables (no puedo evitar mostrar mi simpatía hacia esta forma de proceder, que además se parece a internet, donde cambiamos de nombre cuando nos conviene e incluso usamos varios seudónimos a la vez). Las carreras de caballos montados por jóvenes constituyen el rito de paso a la edad adulta.

Distintas generaciones.

Asistimos al festival de shoton o del yogur, en el palacio de Norbulingka, en Lhasa, con un espectáculo de ópera tibetana. La obra literaria más importante del Tíbet es la Epopeya del rey Gesar, que se ha transmitido de forma oral y que aún hoy día se recita. Dicen que es el poema más largo del mundo.

En las fiestas la gente procura escapar a los alimentos de siempre: el tsampa, (harina de cebada tostada), que se toma con té y manteca, y la carne, que se conserva largo tiempo por el frío y la sequedad del ambiente. Aunque el budismo prohibe el alcohol, los tibetanos consumen el chang, que es cerveza de cebada. Los tibetanos son aficionados al juego, como los dados o el mahjong.

La indumentaria de esta mujer tibetana recuerda a la usada por los habitantes de otra altiplanicie: los Andes.

Las mujeres tibetanas siempre han gozado de más libertad que las chinas o indias, pero una mujer no alcanza la liberación espiritual sin pasar por una reencarnación masculina. Sólo hay una mujer considerada encarnación de una diosa, pero no puede vivir en el monasterio del que es abadesa, porque éste es masculino y para célibes. La poliandria, tradicional entre los tibetanos, fue prohibida por los chinos. En el gobierno en el exilio hay algunas mujeres ministras. Por ejemplo, la hermana menor del Dalai lama fue ministra de educación.

La medicina tradicional tibetana es una mezcla de prácticas diversas como acupuntura y fitoterapia. Los análisis de orina no sirven sólo para hacer diagnósticos, sino como método de adivinación.

“Incluso Buda murió” dicen para demostrar la inevitabilidad de la muerte. Los tibetanos practican el yoga del buen morir. Creen que al morir y antes de reencarnarse, pasan por un estado llamado el bardo, intermedio entre las dos vidas. El Bardo Todol, libro tibetano de los muertos, contiene las palabras para guiar al difunto por el estado intermedio. La mayor aspiración de un tibetano es que en la hora de su muerte, un monje lea el libro junto a su lecho. Existe en occidente una versión a cargo del inefable Timothy Leary.

En el Bardo se ven cosas así…

Los velorios duran a veces una semana. Los tibetanos practican los llamados funerales celestes: los cadáveres se descuartizan y se dan a comer a los buitres. En el documental vemos cómo procede un descuartizador profesional con el cadáver de una mujer. Son imágenes no aptas para estómagos sensibles (y no lo digo por mí).

Episodio 6: El futuro del Tíbet

El capítulo sexto y último del documental está dedicado a la historia reciente del Tíbet y a indagar sobre su posible futuro.

Por los caminos del Tíbet

Nos ofrecen imágenes de Gyangtsé, su dzong (fortaleza) y el kunbum (gran pagoda). Gyangtsé conserva el sabor de las viejas ciudades, es la más tradicional del país, aunque también fue la primera en tener contacto con el exterior.

El museo de la fortaleza de Gyangtsé exhibe las armas medievales usadas por los tibetanos contra el ejército inglés de Ian Husband que, muy inferior en número pero con armamento muy superior -incluidas ametralladoras- derrotó fácilmente a los tibetanos.

En 1950 la República Popular China, liderada por Mao Zedong, envía al Tíbet a su ejército, poco después de que los soldados del derrotado ejército nacionalista abandonen su guarnición en Lhasa. Los chinos imponen el denominado ‘Acuerdo por la Liberalización Pacífica del Tíbet’, que confiere a China la defensa y la política exterior del territorio mientras que la política interior queda bajo la jurisprudencia del Dalai Lama.

A partir de 1952 los chinos desarrollan un programa de mejora de las comunicaciones y construyen carreteras y aeropuertos. En 1956 se crea la Región Autónoma del Tíbet, como parte de la República Popular China, con lo que el país pierde completamente su independencia. En ese mismo año se registran levantamientos populares y actividad guerrillera contra el régimen chino. El XIV Dalai Lama, acusado por Pekín de instigar las revueltas, tiene que huir disfrazado, atraviesa la frontera con cerca de cien mil tibetanos y se establece en Dharamsala, en el norte de India, donde fija el nuevo gobierno en el exilio. Pekín anuncia que el Tíbet está enteramente bajo su control y nombra máxima autoridad del gobierno autónomo al X Panche Lama.

Un joven XIV Dalai Lama, aún en el Tíbet.

En 1962 el Partido Comunista Chino exige que el Panche Lama califique al Dalai Lama como “reaccionario y traidor”. En lugar de ello, el Panche Lama escribe un documento en donde describe la destrucción sistemática que estaba sufriendo el Tíbet (seis mil monasterios destruidos, el medio ambiente en peligro por las explotaciones mineras, masiva inmigración de población china, etc). Como consecuencia el Panche Lama es encarcelado y no sería liberado hasta 1977. En 1989 el Panche Lama vuelve a condenar la invasión y cuatro días después las autoridades chinas anuncian que ha muerto “víctima de un ataque al corazón”. Ante las nuevas revueltas que se producen, China impone la ley marcial.

En 1995 el gobierno chino reconoce al niño de seis años Gyaincain Norbu como XI Panche Lama, a pesar de que unos días antes el Dalai Lama, desde su exilio indio, había reconocido a Gendhun Choekyi Nyima, de la misma edad. Un nuevo golpe para el gobierno oficial pro chino se produjo con la huida del joven karmapa, la tercera autoridad religiosa, que se exilió en India junto al Dalai.

En el Tíbet de hoy la modernización impuesta por la República Popular China convive con las formas tradicionales. Nos ofrecen comentarios sobre la situación de clases bajas del país, desde el punto de vista del gobierno comunista chino y el gobierno del exilio, que naturalmente difieren.

El gobierno del exilio se queja de la inmigración en el Tíbet de chinos de la etnia han. Según dicen, los chinos tratan de acabar con la lengua tibetana: el chino es obligatorio en la escuela y el inglés y el tibetano opcionales, pero se aconseja a los niños estudiar inglés

Aunque mal visto por China, el Dalai Lama dice no ser un independentista en sentido estricto, pero muchos tibetanos que le rodean verían bien no sólo la independencia del Tíbet, sino la creación del Gran Tíbet, incorporando otros territorios que pertenecieron al antiguo imperio.

La serie concluye con la siguiente apreciación: “Hemos intentado orientarnos en el laberinto del Tíbet pero no hemos encontrado la salida”.

¡Lha gyalo! (los dioses siempre triunfan)

Banderas de oraciones.