Santiago Miralles: Dos mil Madrid cincuenta y cuatro

Novela ganadora del VI Premio Río Manzanares.

Andrés Longoria, alto funcionario de la Comisión Central, debe valorar la capacidad de Madrid para ser nombrada “Capital Universal del Barroco”. A tal fin, aterriza en el aeropuerto de Campo Real sin sospechar la serie de intrigas en que se verá envuelto, incluyendo un secuestro y varios asesinatos. La acción transcurre en un futuro próximo (2054), tan verosímil como terrorífico, y la novela incorpora algunos elementos de ciencia-ficción, pero no estamos en absoluto ante una obra de ese género. Miralles construye esa sociedad futura como una hipérbole de la actual, lo que le sirve para elaborar una crítica tan ácida como irónica de ésta: corrección política, espectáculos de masas, control sobre el ciudadano, desarrollo aberrante de la ingeniería genética, corrupción generalizada…

El protagonista y narrador es un personaje ético, que pretende encontrar elementos de autenticidad en las ciudades candidatas que él debe juzgar. En ese sentido, Andrés Longoria recuerda al protagonista de Un mundo exasperado de José Ángel González Sáinz (en mi opinión una de las dos o tres mejores novelas en castellano de los últimos diez años). Pero Longoria vive en una sociedad de tintes orwellianos (su “procesador de pulsera” transmite permanentemente su localización), que condicionará el desenlace de la novela, cosa que intuimos desde su primer párrafo: “Supe después, me lo contaron cuando ya nada tenía remedio, que prepararon mi llegada con maliciosa precisión. Lo que vi era lo que tenía que ver“.

En realidad no encontrará nada de auténtico en el Madrid que visita, donde hasta el paisaje resulta ser una proyección en una pantalla. El Madrid original está siendo demolido (o mejor, deconstruido) para ser levantado de nuevo tal como era en el siglo XVII. Se trata de un gran simulacro que haría feliz a Baudrillard, un enorme parque temático en el cual habitan -no podía ser de otra forma- personas igualmente desprovistas del menor asomo de honradez o sinceridad. Solo una cosa parece seguir siendo real dentro del simulacro: en palabras de uno de los personajes (un hombre que se hizo rico vendiendo alambradas para trazar las fronteras entre los Estados surgidos tras la disolución de España): “Hoy en día, aunque todos se vistan de cualquier manera y se tuteen como si fueran camaradas de una asociación recreativa, sigue habiendo diferencias de clase, y muy fuertes“.

Una novela mordaz, muy divertida pero al mismo tiempo con suficientes elementos para la reflexión. Me he reído con el hilarante discurso de la alcadesa de Madrid, reflejo de todos los tópicos del lenguaje políticamente correcto -y frecuentemente ininteligible- de nuestra época.

Ver también el comentario de la novela finalista Margarita García Gallardo: El camino del agua.

Bibliografía de Santiago Miralles

La tierra ligera (Ediciones de la Discreta, 2000)
La fuente de Orfeo (Algaida, 2000)
La ONG (Martínez Roca, 2003)
Dos mil Madrid cincuenta y cuatro (Calambur, 2004)