La Iberia del Cáucaso

En la actual Georgia existió en la antigüedad un país llamado Iberia.

Buscando otras cosas, y por ese fenómeno tan frecuente en internet que llaman serendipia, he dado con un trabajo titulado “Los términos ‘Iberia’ e ‘iberos’ en las fuentes grecolatinas: estudio acerca de su origen y ámbito de aplicación”, de Adolfo J. Domínguez Monedero, y con un párrafo para mí sorprendente:

“Creo que no puede comprenderse el concepto de Iberia, aplicado a la Península Ibérica (a la totalidad o a una parte, como ya discutiremos posteriormente), sin referencia, como viene siendo frecuente, a los Iberos y a la Iberia orientales. Efectivamente, dos son las «Iberias» que en el mundo antiguo se conocen: una de ellas, la oriental, ha sido considerada sistemáticamente por los historiadores como sin ninguna relación, salvo la casualidad de sus nombres (Schulten, 1952, 311), con la Península Ibérica. Sin embargo, las fuentes y su interpretación tienen algo que decir al respecto. Creo que la solución nos la aporta uno de nuestros mejores informadores acerca del mundo antiguo, que no es otro que Estrabón, cuando nos dice (XI, 2, 19) que es probable que los iberos del Ponto y los iberos occidentales sean «homónimos» a causa de la existencia de minas de oro entre ambos. Schulten (1952, 310) cree que debe tratarse de una interpolación, y García Bellido (1968, 247) dice que se trata de una «curiosa hipótesis, fuera de toda razón».”

De modo que existió otra Iberia que ocupaba la parte oriental de la actual Georgia. Por lo visto, fueron los griegos quienes bautizaron a las dos Iberias, lugares que consideraban míticos por encontrarse en los dos extremos del mundo conocido.

Foto: Wikipedia. Copyright© Andrew Andersen

Sobre la posible relación entre nuestra península y la región homónima del Cáucaso, los investigadores han formulado diversas hipótesis, que van desde que la coincidencia en el nombre es mera casualidad hasta la hipótesis que sostiene que los iberos de allá y de acá fueron el mismo pueblo.

“La similitud del término Iberia con los antiguos habitantes de la Península Ibérica, los íberos ‘del oeste’, ha arrojado la idea de un parentesco étnico y genético entre ellos y las poblaciones de la Iberia caucásica, los íberos del ‘este’.

Varios autores de la Antigüedad y la Edad Media sostuvieron esta idea, aunque difirieron en relación con el problema del lugar inicial de su orígen. La teoría parece que se hizo popular en la Georgia medieval. El prominente escritor religioso georgiano, Giorgi Mthatzmindeli (1009-1065) escribió sobre el deseo de algunos nobles georgianos de viajar a la Península Ibérica y visitar los “georgianos del oeste”, como así los citaba.” (Wikipedia)

Paisaje de Tusheti, provincia al noreste de Georgia.
Foto: Wikipedia. Lidia Ilona.

Juan Valera escribió en La Ilustración Española y Americana, nº 2 de 15 de enero de 1880, un artículo bastante literario y nada científico:

“Desde la falda del Cáucaso, dilatándose al Mediodía hasta el monte Ararat, en cuya nevada cumbre se posó el arca de Noé, habitaban y habitan aún diversas tribus, gentes o naciones, apellidadas caucásicas; casta de hombres valientes, robustos y hermosísimos, cuales son hoy los circasianos, georgianos y mingrelianos, en los tiempos a que nos referimos designados con nombres diversos. Al Oriente, en las riberas del Caspio, vivían los albaneses, y más al Sur los cadusios; al Occidente, orillas del Ponto, habitaban los colquios, famosos por Medea la hechicera y por el áureo vellocino, y más al Occidente los calibes, diestros forjadores del hierro, y los de Tibar, tan envidiados por su oro. En el centro de estas naciones, y como defendiendo las puertas caucasianas contra las invasiones de los escitas, se hallaban los iberos, de quienes sin duda proceden los primitivos españoles, que se llamaron iberos también.”

Continúa exponiendo su acuerdo con la hipótesis del Padre Fidel Fita, que sostenía que los iberos españoles procedían de los caucásicos, siendo el euskera y el georgiano lenguas emparentadas. Y añade:

“Refieren las crónicas georgianas, mandadas redactar y publicar por el rey Wagtang, que, después de la dispersión de las gentes, fue a poblar la Georgia o Iberia el gigantesco patriarca Togorma, hijo de Gomer y nieto de Jafet. Otros quieren que fuese Túbal, hijo de Jafet, quien pobló o colonizó la Iberia del Cáucaso, y que luego él o sus descendientes llegaron hasta la Iberia al Sur de los Pirineos, ya pasando primero a Irlanda, isla a quien dieron el nombre de Ibernia, y desde allí viniendo a España; ya viniendo a España directamente. Sobre estos nombres de Iberia e Ibernia, de Ebro y de iberos, dados a diversas comarcas, ríos y pueblos, se ponen varias etimologías. Ya los derivan de ibha, que en el idioma de los vedas vale tanto como familia, ya de avara, que en el mismo idioma significa occidente.”

Hay que decir que todo esto que Valera considera “probado” no lo está en absoluto (y también aclarar que con “dispersión de las gentes” se refiere a la repoblación de la Tierra que -según la mitología bíblica- realizaron los tres hijos de Noé, llamados Sem, Cam y Jafet, después del Diluvio Universal)

Lo que sí es seguro es que la Iberia Caucásica estuvo poblada desde los tiempos más remotos y que constituyó un reino independiente (con el nombre autóctono de Kartli) desde 302 aC, hasta caer en poder de los bizantinos y, en 580 dC, de los persas.