H.P. Blavatsky

La fundadora de la Sociedad Teosófica es hoy un personaje casi mítico.

Helena Petrovna von Hahn, más conocida como Madame Blavatsky, nace en Ekaterinoslav (hoy Dnipropetrovsk, en Ucrania) en 1831, en el seno de una familia aristocrática. Con diecisiete primaveras la casan a la fuerza con el general Niceforo Blavatsky, de quien escapa inmediatamente, sin ni siquiera consumar el matrimonio. Según ella, el marido contaba setenta años, aunque otras fuentes aseguran que apenas pasaba de los cuarenta. Otra versión dice que Helena se niega a mantener relaciones, el general trata de tomarla por la fuerza y descubre una “anomalía sexual congénita” en su joven esposa.

El caso es que Helena embarca en el puerto de Odessa, abandona el navío en una lancha para esquivar el acoso del capitán, y desembarca en Constantinopla, donde encuentra a una condesa amiga, en cuya compañía llega poco después a Egipto.

Volvemos a tener noticias fidedignas suyas en 1873, año en que se establece en Estados Unidos y se convierte en una figura del espiritismo ¿Qué ha hecho durante ese lapso de tiempo de 25 años? Si nos atenemos a sus biógrafos, ha hecho de casi todo: en Egipto es iniciada en los misterios esotéricos por un mago copto; en Nuevo México conoce los ritos vudú; en el Tíbet entra en contacto con los Maestros Ascendidos, misteriosos personajes que -tanto si existen como si no- habrían de ser decisivos en su vida y en su obra; en Londres mantiene una disputa con el célebre médium D.D. Home; en París ingresa en una logia carbonaria; en Estados Unidos convive con mormones y pieles rojas y forma parte de una banda de salteadores de caminos; en Italia combate junto a Garibaldi en Viterbo y Mentana (1867), resultando en esta última batalla tan gravemente herida que es dada por muerta y arrojada a una fosa, de la que por fortuna es rescatada.

A finales de la década de los sesenta se convierte en la única superviviente del naufragio de un vapor en el mar Egeo. Las malas lenguas dicen que por aquel entonces nuestra protagonista se dedicaba al contrabando de material bélico. Poco después la encontramos en El Cairo fundando una sociedad espiritista de dudosa reputación que no tarda en desaparecer. A todo esto, se ignora de qué vivió durante este tiempo.

El mito y la realidad se confunden en la biografía de Blavatsky, en parte por las exageraciones de sus rendidos biógrafos, pero también por su propia voluntad. Ella misma tendió una cortina de humo sobre sus actividades, a base de afirmar y negar sucesivamente los mismos hechos. Por ejemplo, aunque conoció a muchos hombres no hay forma de saber con quién mantuvo relaciones amorosas (si es que mantuvo alguna), ya que ella misma se encargó de sembrar la confusión al respecto. Blavatsky aprendió a borrar su historia personal un siglo antes de que esa idea fuera expresada por el brujo don Carlos Castaneda. No obstante hay que reconocer que a todo lo que se cuenta de Madame Blavatsky puede aplicársele el viejo dicho italiano: se non é vero, é ben trovato.

En 1874 Blavatsky conoce a un personaje del que no se sabe si era coronel -como él mismo pretendía- o periodista, llamado Henry Steel Olcott, que se convertirá en su inseparable compañero y en su cronista más cercano. Él describe a Blavatsky como impulsiva y generosa, de forma que el dinero no duraba mucho en sus manos. Alegre, irónica e irascible, comía mucho y a deshora, fumaba en exceso, vestía de forma contraria a la moda y maldecía como un carretero. Lo más alejado a una dama de la época. O sea, una de esas mujeres que tanto atraen al autor de este artículo.

H.P.B. junto a H. S. Olcott en 1888.

Hacia 1951, durante su estancia en Londres, había sido visitada -desconozco si en cuerpo mortal o sólo en espíritu- por uno de los misteriosos Maestros Ascendidos, que le ordenó fundar la Sociedad Teosófica, lo que ella y Olcott llevan a cabo en 1875. En 1877 publica su monumental libro de 1.300 páginas Isis sin velo, tras una redacción que había durado dos años y que -siempre según Blavatsky- había sido dictada por los Maestros Ascendidos. La primera edición, de 1.000 ejemplares, se agotó en diez días. En 1879 Blavatsky y Olcott se van a la India, trasladando a este país la sede de la Sociedad Teosófica, que a partir de ese momento comienza a ganar adeptos y a acrecentar su influencia.

La fama de la S.T. llega a Gran Bretaña y la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres decide crear una comisión para investigar los fenómenos protagonizados por Madame Blavatsky. El doctor Richard Hodges viaja a la India como delegado por dicha comisión, investiga durante meses a Blavatsky y a su institución y finalmente redacta un extenso informe, en cuya conclusión podía leerse: “Ella no es la intérprete de videntes que el público ignora, ni es tampoco una aventurera vulgar, sino que ha conquistado su lugar en la historia como uno de los impostores más completos, más ingeniosos y más interesantes, cuyo nombre merece pasar a la posteridad“. Otra conclusión del astuto Hodges es que los manuscritos de Isis sin velo y las cartas de los Maestros Ascendidos son obra de la propia Blavatsky.

En 1888 Blavatsky publica su segundo mamotreto, La Doctrina Secreta, con un total de 1.500 páginas. Esta obra gira en torno a un supuesto Libro de Dzyan, antiquísimo y enigmático manuscrito que Madame Blavatsky aseguraba poseer impreso en “una colección de hojas de palma que, mediante un proceso desconocido, son impenetrables al agua, al fuego y al aire“. Por supuesto, nadie vio jamás tal libro. A pesar del informe de Hodges, ella insistía tenazmente en que el texto de La Doctrina Secreta también había sido dictado por un Maestro Ascendido.

Blavatsky regresó a Londres, ciudad en la que falleció en el año 1891. Tras su muerte, sus discípulos se tiraron los trastos a la cabeza y la Sociedad Teosófica se escindió en varias ramas, que aún perduran hoy.

H.P.B., como es conocida entre los teósofos, es una de esas figuras cuya vida disparatada y llena de exageraciones ha alejado a la crítica más o menos seria. Ella misma ha colaborado en ese alejamiento con actitudes tan peregrinas como atribuir la autoría de sus obras a supuestos “maestros ascendidos”. Sin embargo, Isis sin velo es uno de los libros más fantásticos -en los dos sentidos de la palabra- que se pueden leer. Una cosmogonía que combina una profunda erudición con la imaginación más desbordada. Su influencia en autores como Lovecraft o Tolkien es patente. Otra de sus obras, La voz del silencio, es un poema en prosa místico-filosófico lleno de sorprendentes metáforas. La obra literaria de H.P. Blavatsky y su influencia sobre escritores, artistas y científicos está aún pendiente de ser abordada con objetividad, al margen de la idolatría ausente de crítica de sus crédulos seguidores.