Caspar David Friedrich y la muerte

Exposición en Alemania (2006).

En la Hamburger Kunsthalle está a punto de inaugurarse una exposición sobre Caspar David Friedrich (1774, Greifswald-1840, Dresden) y eso es un buen pretexto para recordar a uno de los más importantes pintores románticos.

La vida de este artista estuvo marcada, sobre todo en sus primeros años, por la presencia constante de la muerte: primero el fallecimiento de su madre, cuando él contaba siete de edad, meses después el de su hermana Elisabeth y posteriormente el de su hermano Johann Christoffer, que murió ahogado cuando trataba de salvar la vida de Caspar, que se había caído a un lago helado. Más tarde aún perdería a otra hermana llamada María.

Podemos ver que la muerte planea sobre muchas de sus obras, unas veces de forma evidente, como en esos árboles secos, monasterios en ruinas y sombríos cementerios; otras veces de forma más simbólica, como en los melancólicos crepúsculos, o en los hombres y mujeres contemplando el mar o a punto de embarcar. Sus personajes aparecen difuminados en la niebla o en la lejanía, o sumidos en la oscuridad o a contraluz, en bastantes ocasiones dando la espalda al observador, como abandonándolo.

Friedrich afirmó que “la muerte es el principio romántico de nuestra vida. La muerte es… la vida”. Coherente con ello, en 1803 intentó suicidarse. Ya de mayor, su salud física y mental se deterioraron y pasó los últimos años de su vida, marcados por la enfermedad y las dificultades económicas, aislado incluso de su familia.